ENTREVISTAS, FEMINISMO

Adoctrinamiento Existencial: el cómic y el imaginario del cuerpo

<<Hacerse cargo de la propia identidad.
Conocerse a sí mismo para construir el mundo.>>
Hannah Arendt.


Katherine Supnem nació en Santiago de Chile, Peñaflor,  es ilustradora e historietista.

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Me encontré en tumblr un cómic sobre el feminismo, hecho por Katherine Supnem que me fascinó. Aceptó charlar conmigo sobre algunos temas que me inquietaron, ya que, parece obvio para quienes somos feministas, el machismo está en todas partes, sin embargo, suele ser minimizado el debate en torno a la desigualdad de género: en casi todas las manifestaciones culturales impera el androcentrismo, y el cómic no es la excepción. Es común ver protagonistas masculinos súper héroes en la mayoría de cómics, pero Katherine pone el dedo en la llaga al visibilizar y poner el foco en otro ángulo. Los temas que aborda son diversos: la sexualidad, la discriminación hacia las personas trans, la educación sexual y el tabú que hay detrás, entre otros que son parte de la crítica que hace el feminismo al respecto. Y así derivamos en una charla interesante.

La sexualidad como el parteaguas

B. P: ¿En qué momento de tu vida te diste cuenta de que el feminismo era necesario? Es decir, bajo qué circunstancias o experiencia personal te asumiste feminista.

K. S: Primero en mi vida personal sexual. Me di cuenta que al decir “No” yo estaba mal y no comprendía por qué. También me di cuenta que en la manera en que vivía mi cuerpo, casi como un animal incivilizado, también estaba mal, bajo la mirada de estos hombres con los que compartía mi sexualidad.

Luego comenzaron con frases como “Eso es poco femenino”, “No te creo que seas virgen”, “Depílate la vulva”. Todas esas frases violentas me hicieron darme cuenta que algo sucedía y al conversar con amigas siempre llegábamos a la palabra Machismo.

Nunca me interesó mucho el tema del feminismo como objeto de estudio, porque leía y sentía que eran cosas obvias o que yo podría pensar sola, pero en el contacto corporal con la masculinidad y no con sólo cuerpos de bio hombres, me di cuenta que había una cuestión teórica de por medio, que me faltaban palabras para definirlo, comprenderlo y defenderme, sobre todo.

B. P: A partir del momento en que te asumiste feminista, qué transformaciones experimentaste como mujer, ya que salir de clóset feminista es enfrentarse a una doble injuria: ser mujer, y además ser feminista. En otras palabras: ¿qué cambios hubo en tu vida a partir de que te declaraste feminista?

K. S: Se reducen los encuentros sexuales, le doy miedo a los hombres. Por una parte, me encanta, porque es el perfecto espantador de idiotas, por otra parte, a mi vagina le da mucha pena jajaja, pero nada que no se pueda resolver. Es claro que en el mundo público la cosa cambia.

He recibido violencia verbal, segregación, miradas feas, chistes aburridos, enfrentamientos absurdos, pero nada que no pueda leer como parte de la ignorancia y la estupidez humana. Ese aislamiento me da fuerza, potencia mi rabia y mi resentimiento, que son el motor de todo mi contraataque informativo.

Mientras más me violenten, más respondo, más los enfrento, más aumenta mi poder de resistencia, las ganas de organizarme con otras comiqueras feministas, las ganas de hacer charlas sobre cómic, género y feminismo, las ganas de enseñarles a otras una forma de dibujar con contenido disidente y crítico.

El feminismo está comenzando a circular muy rápido por la red y se está impregnando en la mente de las nuevas niñas, eso me parece fascinante. Así que me banco la violencia en pro de ese contagio de fuerza feminista.

Aleación cómic + feminismo

tema femenino
#TetasTristes

B. P: ¿A qué edad iniciaste en el cómic y cómo fueron tus inicios, es decir tus primeras creaciones, tus relaciones con otrxs dedicadxs al cómic?

K. S: Como comiquera inicié en el 2013 (a los 26) cuando conocí a Marcela Trujillo y a la lesbofeminista Lesbilais. Mis inicios fueron en un blog (2008), donde dibujaba a un personaje con una historia corta, todos los días, pero no le llamaba cómic ni nada. Fue cuando conocí el mundo del DIY, la autogestión, el fanzine y todo lo relacionado al diseño independiente que encontré mi lugar y me asumí como historietista. El DIY era la fuerza material que andaba buscando pero que no sabía qué era.

Quería escribir y dibujar, hacer manualidades, quería reflexionar a través de mi trabajo, quería estudiar autónomamente el dibujo y la pintura, y fue en ese medio donde me impregné de palabras para nombrar lo que yo soy. Marcela me enseñó a pintar y me sedujo a participar del cómic. Uso esa palabra “seducir” porque me mostró libros, me presentó comiqueras y me incentivó hasta que un día hice mi primer cómic autobiográfico y ahí no he parado de hacer “Libros” de cómic, que no están en la red, sino en mis cuadernos y libretas. Luego con Lesbilais conocí el mundo el Fanzine y les autoeditores, y esa moda de hacer cómic de una página y subirlos a la red. Me costó un montón aprender a ser breve pero como también uso twitter, cada vez fue más sencillo. Digamos que el cómic de pocas páginas vuela muy rápido en la red. Es un monstruo escurridizo.

B. P: Hay una crítica a los temas que tocamos las mujeres porque no logramos de alguna forma “superar” el tema feminista, ¿a qué crees que se deba esto?, ¿consideras que los temas femeninos deben ser olvidados? ¿Qué temas debe recuperar el cómic para que de alguna forma se llegue a una equidad de género dentro del ambiente del cómic?

K. S: No superamos el tema feminista porque la sociedad no es feminista. Hasta que no haya igualdad de derechos estaremos eternamente resistiendo, hasta que no haya justicia e igualdad para las mujeres, lesbianas, trans en todo el mundo, espero. Los hombres tampoco superan el tema masculino, pero lo que pasa es que no lo ven porque nosotras somos lo otro.

Ellos no asumen que tienen bolas cargadas de hormonas que también condicionan su forma de pensar. Nosotras tenemos conciencia de nuestros cuerpos animales porque experimentamos situaciones evidentemente corporales, como menstruar, dar a la luz, abortar. El discurso “masculino” cree que no está sujeto a su cuerpo, pero eso es por su filosofía racionalista. Nuestra forma de pensar es más biopolítica, porque el feminismo surge en la época del existencialismo, la segunda guerra mundial, el pensamiento de Foucault.

Para lograr la equidad, debemos pensar en los personajes de nuestras historietas y en cómo viven sus cuerpos, aunque sea en lo más mínimo. Opino que se debería ser siempre una contraresistencia.

El cómic hecho por mujeres nos abrió por primera vez la posibilidad de cambiar el imaginario de los cuerpos y personajes mujeres.

Por primera vez nos pudimos dibujar tal cuál somos y no como súper heroínas súper idealizadas y sexualizadas (tetas grandes, coños pelados, cinturas estrechas), por primera vez aparecieron protagonistas feas o inteligentes o con cuerpos gordos o peludas o naturales, al fin y al cabo. Ningún relato debe ser marginado, debemos seguir escribiéndonos a nosotras mismas, porque si esos relatos se pierden, se pierden los arquetipos segregados por los relatos dominantes. Por esa razón a mí me gusta retratar a esos personajes despreciados: una niña lesbiana, una trans, una mujer asesina de machistas. Me gusta retratar a las Lilith porque ellas nos muestran que podemos ser diferentes al patrón estético y comportamental.

B. P: Retomando las cuestiones de la pregunta anterior, ¿qué consecuencias verías en el hecho de que se asuma que se debe “superar” el tema “femenino” (que nos atribuyen arbitrariamente) y se “masculinize”? A masculinizar me refiero a tomar una postura androcentrista dentro del cómic.

K. S: Más que femenino, porque esa es una clasificación estética y de comportamiento en el que pueden participar bio hombres, intersexuales, trans, camionas, etc., digamos que “el relato de alguien diagnosticado mujer”. Si me diagnosticaron mujer y me asumo mujer, entonces todas mis vivencias hablarán de esa corporalidad porque somos seres encarnados. Si nuestros relatos desaparecen, desaparecemos nosotras.  Nos asesinamos. No me puedo separar de mi cuerpo, tampoco lo quiero hacer, no quiero descuartizarme en relatos universales, no quiero morir. Si nuestros relatos se masculinizan, volvemos al inicio, a la desaparición, a la invisibilización.

Autogestión vs monopolio

B. P: ¿Ha influido el hecho de que seas mujer a la hora de desenvolverte y buscar oportunidad de desarrollo en el cómic?

K. S: Mira, en el mundo de la autogestión no, porque todo depende de mí. En ámbitos más públicos, muchas feministas me han ayudado con mis proyectos: charlas, ferias, talleres, exposiciones, etc.

Es en el mundo legal/institucional, de las editoriales y el mercado donde es difícil y la segregación aumenta. Todo es separatista: cuando se habla del cómic en general, sólo integran a hombres y las mujeres sólo tienen espacios hechos para ellas.

Se dice “Charla de comiqueras”, “La mujer en el cómic”, “El cómic femenino” y jamás se habla o piensa del cómic lésbico, gay o trans. Lo digo en mi caso, porque a otras les ha ido muy bien o muy mal.

B. P: ¿Nos podrías dar tu visión sobre qué implica ser una mujer dedicada al cómic en una sociedad en la que el machismo es preponderante casi en todas las áreas de la vida pública?

K. S: Pucha, no sé muy bien cómo responder esto, porque podría ponerme a llorar todo el rato por las múltiples discriminaciones y yo elegí otro camino. Primero, estoy convencida de que a pesar de que el mundo sea de cierta forma, todo depende de mí para que sea distinto, asumo la responsabilidad en todo lo que le pase a mi vida. Desde esa premisa, si no me dan espacio, me lo hago, si no me publican, me autopublico, si no tengo qué comer, recojo verduras en las ferias, robo en el supermercado, me organizo con otras mujeres comiqueras, lo que sea. No sé si se entiende.

Creo que hoy en día es mucho mejor el panorama, no ideal, pero sí hay una especie de moral/ética feminista en el ambiente y la gente se enoja más cuando nos matan, o violan y denuncian más. En un panorama menos violento que el de la muerte, si es que a una no le importa lo que piense el resto de mi poto, mi comportamiento y mi apariencia todo irá bien, pero si quisiera pertenecer a las grandes esferas editoriales, lo pasaría mal supongo, porque no soy como ellos esperan. Digo lo que pienso y no me da miedo perder nada porque no tengo nada y todo lo que pudiera poseer me lo he dado yo misma, yo me alimento, yo me mantengo viva. Pero si se me ocurre pedirle de comer al sistema, entonces estaría muerta. 

B. P: ¿Qué desigualdades de género has notado o vivido dentro del ámbito del cómic?

K. S: Como decía más arriba, eso de la segregación en los espacios: charlas, exposiciones, talleres. El mercado en general, todo lo que esté institucionalizado por hombres, homosexuales o heteros: Los medios de comunicación, las editoriales, los trabajos en cultura, etc.

Obviamente eso acarrea consigo una condena a la pobreza, porque el dinero lo tienen ellos acaparado o las instancias que generen recursos, visibilidad e integración al monopolio. Como dije más arriba también, si sabes darte de comer a ti misma, ellos no importan. Pero si pienso en el futuro de las demás mujeres, no ayuda en nada a la desigualdad. Me da pena pensar que todo tenga que ser siempre tan difícil, porque cuando envejezca, no tendré la misma fuerza ni vitalidad para seguir resistiendo. Mi yo del futuro, mi calidad de vida, estará en problemas si seguimos replicando el modelo misógino.

Adoctrinamiento Existencial

B. P: En el cómic que ésta al inicio de la entrevista, abordas el tema latente sobre la izquierda en relación a una lucha que nos considera de alguna forma “separatistas” a las feministas; una lucha que se desea imponer como la principal o única, o más importante que cualquier propuesta feminista. Es un debate recurrente dentro del feminismo y de grupos de izquierda, esa lucha por la representación política. Y sabemos quiénes han quedado en segundo lugar y al final de la cola de espera en esa lucha. De ahí que la construcción de espacios feministas sea necesaria, más que llorar nuestra condición de víctimas. Al respecto, en dicho cómic mencionas una frase que me gustaría que nos explayaras, pues resulta fascinante que la menciones. ¿A qué te refieres con Adoctrinamiento Existencial?

K. S: Me refiero a un tipo de normalización de la conducta y la mente humana que es tan profunda -a nivel de inconsciente colectivo- que prácticamente pareciera que nacemos con un proyecto de vida -un yo, un género- ya elaborado y predeterminado. Eso por una parte, por otra, respecto al cómic que realicé, me refiero a que cuando naces, te diagnostican hombre o mujer (con todas las implicancias que recaen sobre nuestra identidad personal) y no te lo cuestionas, no intentas cambiarlo, sólo lo asumes (a eso se le llama ser cisgénero*), sino que simplemente repites el patrón de comportamiento, haciéndolo parte de tu forma de vivir en el mundo, es decir, de tu existencia y no construyes una nueva forma de vivenciar tu cuerpo, tu ser, pensando siempre que considero al existencialismo como un humanismo -tal como lo dijo Sartre-, es decir, tenemos la capacidad de construirnos a nosotres mismes como si fuéramos una obra de arte, con todo lo rupturista -romper la zona de confort- que eso implica, tanto personal como políticamente hablando.

Transfeminismo

B. P: Hay otro cómic tuyo en el que abres el debate en torno a lo trans, y la discriminación que vive incluso dentro del propio feminismo, con la bandera de “qué es ser una verdadera mujer”, aquí es poner otra vez el dedo en la llaga; y va mi pregunta: ¿El feminismo en el cómic, ha hecho que te cuestiones qué es ser mujer más allá de los esencialismos biologicistas recurrentes en el discurso machista, y en qué sentido, es decir, como caíste en la cuenta del tema trans, y partir de qué vivencias?

K. S: La primera vez que tuve contacto con el tema fue viendo un documental en un encuentro trans. Era sobre transfeminismo y justo en esa época estaba estudiando performance art, y la interpretación que lo trans trae a la teoría de género me pareció súper enriquecedora, es decir, sin el factor de la estética/política trans, no sería evidente para una persona que ha naturalizado su género, que podemos romper con él.

Nunca conocí a une persona trans, hasta que comencé a hacer el cómic del Diario de Cosmia para, a través de la escritura y el dibujo, comprender y vivenciar el tema, de forma personal. Por una parte, me siento muy identificada con el transfeminismo, aunque no tenga derecho a participar de esa lucha. Aun así, sin poder ser abanderada, sé que puedo pensar y eso es lo que hago en ese cómic, donde voy usando todo lo leído sobre biopolítica, estética, filosofía, existencialismo y feminismo. Más tarde, con los años, fui conociendo a chiques trans que hacen de su cuerpo un instrumento de lucha política, tal como yo lo hacía con la performance, pero su postura es mucho más radical, rompen completamente con los determinismos biológicos, inyectándose hormonas, operándose e incluso con los determinismos de género, creándose a sí mismes, desde lo trans, con una gran gama de posibilidades existenciales. Una verdadera obra de arte, como lo hizo la artista francesa Orlan en su momento, una apropiación radical del cuerpo. Bueno, podría decir, a modo personal, que en esa época me sentía prisionera de mi cuerpo, ahora puedo decir que intentamos llegar a acuerdos.

Devenir mujer

B. P: Y por último, ¿qué mensaje envías a las que se inician en el cómic y en el feminismo?

K. S: Que es falso eso de encontrar tu estilo, no me gustan las cárceles. Que estén deconstruyéndose, experimentando, estudiando, investigando.

Soy artista, ahí está todo. Me reconocí artista el 2013 – me levanto temprano a estudiar dibujo y pintura por mí misma y me acuesto tarde administrando mis proyectos- y desde ese día no he parado de dibujar a diario, estudiar, exponer y crear espacios. Mi último proyecto es tetastristes, donde hacemos contracultura viral sobre feminismo, género y cómic y la agrupación COGEFE donde damos charlas y hacemos talleres sobre cómic, género y feminismo en Chile.

Mis influencias: Julie Doucet, Aline Kominsky, Marcela Trujillo, Sebastián Muñoz, Norton Maza, Francisco Copello, Eli Neira, Cómix Marginalísimos, Abramovic, Claudia Rodríguez, Power Paola.

Frase favorita:

“La vida como obra de arte”.

Contacto:
supnem@gmail.com
http://supnemcomix.tumblr.com
http://supnemilustraciones.tumblr.com
http://facebook.com/tetastristescomics

Lee más de Katherine Supnem en El Feminismo: un cómic que pone el dedo en la llaga.

Brenda Pichardo (Ciudad de México)

contacto: brendapich@gmail.com

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