FEMINISMO, OPINIÓN

El sexismo en el deporte y en medios de comunicación

¿Qué nos dejan los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016?

La certeza del sexismo, bastante común, en la cobertura que hacen los medios de comunicación cuando se trata de mujeres en el ámbito deportivo. Las olimpiadas nos recordaron que una mujer por sí misma no es valorada, sin recurrir a compararla con un hombre o calificarla por su aspecto físico, más que por su desempeño.

sexismo

Ya han pasado  y he visto muchos artículos sobre el trato sexista y degradante hacia las mujeres en el ámbito deportivo. Me he enterado todo esto vía facebook, ya que no leo/veo la prensa por ningún otro canal, se podría decir que la evito para así reducir el alud de machismo que tengo que comer diaria e inevitablemente.

A través de la multitud de páginas feministas en facebook que sigo, era de esperar ver una gran cantidad de análisis, quejas e información al respecto, pero lo llamativo sobre este tema han sido los numerosos posts, comentarios y la rapidez con la que compartían esa información gente anónima que nunca hacen mención sobre las violencias machistas y, algunas de ellas que son abiertamente antifeministas. Se podría imaginar cómo se echaban las manos a la cabeza ante tanta atrocidad machista, tanto ninguneo e invisibilización. Me niego a ser ingenua del optimismo y creer que la igualdad (real) está conseguida.

Insisto que debemos valorar los aspectos cuantitativos pero también los cualitativos en el feminismo, en este caso voy a centrarme en tratar de comprender por qué tantas personas que no se pronunciaron antes sobre el sexismo, mostraron interés e indignación ante la violencia sexista en los medios de comunicación. La conclusión a la que llego es que toda esa indignación enmascara sorpresa, pues no se lo esperaban. De repente se encontraban en un escenario en el que ya no les era posible negar la realidad tan penosa que nos rodea, y la hostia, la primera vez, es impactante. Tenían que posicionarse.

Ya no podían autonegarse más la opresión a la que nos someten, no hubo de otra que asumirlo: una mujer no puede ganar una medalla de oro sin que el machismo se manifieste.

Hablábamos de cada triunfo en primera persona de plural –hemos ganado– y justo cuando nos sentíamos parte de la historia del deporte mundial, nos damos cuenta que no es suficiente a los ojos del machismo.

Nos quieren presentar a nuestros logros conquistados como una concesión masculina, de sus migajas, siempre vinculando el hecho a un hombre (a su buen hacer, al vínculo sentimental que mantenían, a su apoyo, a que no hay categoría masculina en esa disciplina o qué sé yo).

El caso es que tengo la intriga de qué va a pasar después de toda esta racha en la que se viralizaban las denuncias por trato sexista aunque presiento que, al igual que la atención prestada a otros deportes que no fuese el fútbol*, esto fue sólo provocado por la emoción de las olimpiadas, porque te hace sentir parte de tu país, parte de un gran evento en el que se forma parte de la historia, aparte de la empatía que genera el identificarnos con la situación: nos convierten en seres sexualizados dependientes de su valoración, deshumanizadas y como una excepción por hacer bien las cosas. Porque nosotras, además de alcanzar nuestras metas, tenemos que convencer.

 

Convencer de que no ha sido casualidad, de que nos lo merecemos de verdad, de que ha sido el resultado de todo un proceso. Porque a ver señorxs, el machismo siempre ha estado ahí, el trato desigual por razón de ser mujer, la sexualización y objetificación de los cuerpos de las mujeres.Como ejemplos: si coincidía a la misma hora una competición masculina y otra femenina, aunque fuese la segunda la que tenía opciones de medalla, ¿cuál era retransmitida por TVE y cuál por teledeporte? ¿Con qué actitud se presentaban las posibilidades de medallas de unos y de otras? ¿Ha tenido la misma repercusión las quejas de una competición injusta por parte de Rafa Nadal que de Gemma Mengual y Ona Carbonell (natación sincronizada)? Por no hablar de los motes tan ridículos, que en lugar de llamarlas “mujeres deportistas”, sería mejor decir los nombres con sus apellidos.

Me preocupa todo lo que viene ahora, la vuelta a la cotidianidad en la que tenemos tan normalizado que las mujeres no ocupen espacios en nuestras noticias de deportes.

Una época en la que las protestas por un bikini como vestimenta obligada para voleibolistas, ha tenido tan poca repercusión, que seguimos limitadas, y que los hombres no sean entrenados por mujeres, que las deportistas acaparen portadas de moda tanto o más que las deportivas, entre otras. Que cuando nos quejemos de esto, salga alguien que diga “pero es que todo lo que no sea fútbol* no le interesa a la prensa”, pues bien, existe el fútbol femenino que tampoco interesa (ni cobran lo mismo, ¡o directamente no cobran!), que siempre hay alguien que saca a relucir su solidaridad con cualquier otra causa perdida, con tal de ocultar la opresión machista y androcentrismo en una misma situación en la que ellos son la norma-referente, y el deporte practicado por mujeres, la variante.

Debemos de reconocer que ha sido un periodo en el que se ha denunciado más que en cualquier otro, y esto no es lo habitual. Tendremos que reflexionar sobre cómo nos hemos acostumbrado a que las mujeres no estén presentes, hasta el punto de no echarlas de menos, sin extrañarnos por su ausencia; incluso cuando las hemos tenido delante son infravaloradas, no hemos querido/podido reconocer que se las infravalora cada día y asumimos como normal que cada día no aparezcan mujeres en nuestras noticias.

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El machismo continuará después de los Juegos Olímpicos; el feminismo también estará los próximos cuatro años, y ahora sí que con esto me permito el optimismo.

*Recordemos siempre para una buena comunicación: cuando hablemos de un deporte con categoría masculina no hace falta remarcar dicha categoría, pero si es la femenina por favor, hágamoslo. Empaticemos. Vivimos en un mundo muy lejos de los cuidados y del buen vivir, sin tiempo para nada, y debemos saber qué competiciones son prescindibles de nuestra atención: el de las mujeres, que enfrentan el sexismo, en los deportes, en todo.

Reverdía, desde Sevilla, España.

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